Este blog está creado para aquellos que quieran obtener información científica acerca de un grupo de población tan importante como lo son nuestros ancianos
El estreñimiento es una patología con una alta prevalencia en la población general y, en el anciano, su frecuencia aumenta hasta el punto de que representa uno de los principales síndromes geriátricos. Por ello es fundamental que el personal de enfermería conozca sus causas, signos de alarma y medidas de prevención y tratamiento.
En primer lugar, me ha parecido interesante un artículo publicado en 2003 en la revista de la SEMG (Sociedad Española de Medicina General). Se trata de una revisión específica sobre el estreñimiento en el anciano, los factores asociados peculiares en esta edad y los posibles tratamientos, higiénico-dietéticos y farmacológicos. También he revisado artículos sobre el estreñimiento en el anciano publicados en los años 2011 y 2009 e la Revista Médica de Formación Continuada y Revista Española de Geriatría y Gerontología, respectivamente. A continuación resumo algunos puntos que me parecen claves.
La definición de estreñimiento no es fácil dado que muchas veces son datos subjetivos aportados por el paciente. En esta línea, en el año 2006, un grupo de expertos de ámbito internacional propuso los criterios de Roma III para intentar unificar su definición (grado de recomendación B). En resumen, son los siguientes:
Una de las afirmaciones que más interesantes me ha parecido en cuanto al tema es la siguiente: “El estreñimiento no es una enfermedad, sino un síntoma, que puede tener su origen en diversas causas y es importante detectarlas”.En concreto, en el anciano en general, deberíamos recordar que la causa del mismo se debe básicamente a la existencia de una disminución de la motilidadintestinal, hábitos higiénicos-dietéticos inadecuados, inmovilización, demencia y también a causas yatrógenas, como el consumo de fármacos, que es tan frecuente en esta edad. En muchas ocasiones coexisten varios factores.
En la siguiente tabla, se resumen las enfermedades propias y frecuentes en el anciano que pueden asociar estreñimiento.
Por otra parte, en esta tabla se resumen losgrupos farmacológicosque frecuente inducen o favorecen el estreñimiento en el anciano. Me ha llamado la atención que hay medicamentos tan frecuentes en la práctica diaria como algunos analgésicos de tipo AINEs, opiáceos, antitusivos como la codeína, algunos antidepresivos, fármacos usados en el tratamiento de la hipertensióndiuréticos, etc.
Creo que es importante que tanto el médico como el profesional de enfermería conozcan esto ya queserá necesario incidir en la prevención y detección precoz del estreñimientoque en estos ancianos.
Son básicas las siguientes medidas preventivas y tratamiento no farmacológico:
En la anamnesis se deberán recoger los hábitos intestinales y dietéticos del paciente, para dirigir, si procede, la educación sanitaria a la adquisición de unos hábitos higiénicos y dietéticos adecuados incidiendo en:
Beneficios de una dieta rica en fibra (legumbres, verdura, fruta) para conseguir un aporte diario de unos 30 gramos.
Consumo de líquidos de 1,5 a 2 litros (no parece que una cantidad superior aporte más beneficios).
Ejercicio físico regular para aquéllos con limitaciones importantes de la movilidad; se debe evitar el encamamiento.
Adquisición de hábito deposicional correcto.
Valorar el tratamiento farmacológico seguido por el paciente y que pueda causarle estreñimiento.
Evitar automedicación en general y con laxantes, en particular.
Tratamiento farmacológico: a pesar de que en muchas ocasiones se administran laxantes como medida primaria, se debe incidir en las medidas preventivas y recurrir a su prescripción en los casos realmente necesarios y con precaución, debido a las interacciones en la absorción de otros fármacos y a sus efectos adversos. Dentro de ellos, podrían utilizarse:
Laxantes de volumen o incrementadotes del bolo intestinal: salvado de trigo, Plantago ovata.
Laxantes osmótico: lactulosa.
Estimulantes catárticos: senósidos A y B.
Laxantes lubricantes: aceite de parafina.
Laxantes vía rectal.
Por último, me gustaría terminar este tema destacando 2 afirmaciones sobre el estreñimiento en el anciano que me han parecido esenciales al revisar la bibliografía:
“El estreñimiento no es una enfermedad, sino un síntoma, que puede tener su origen en diversas causas y es importante detectarlas”
“La tendencia a banalizar el estreñimiento como enfermedad puede ocasionar complicaciones y problemas físicos en los ancianos que lo presentan”.
EVIDENCIA CIENTÍFICA CONSULTADA:
- Juarranz Sanz M, Calvo Alcántara M.J,Soriano Llora T. Tratamiento del estreñimiento en el anciano.Revista de la SEMG. Nov 2003;58: 603-6.
En esta entrada tendré en cuenta dos aspectos que me parecen importantes en la valoración del riesgo cardiovascular en el anciano.
En primer lugar he creído conveniente hablar acerca de una prueba muy útil, que está al alcance de todos, es indolora y permite formar una impresión diagnóstica: índice tobillo brazo (ITB).
Por último hablaré de una patología muy frecuente no solo en el anciano, si no en la población en general: LA HIPERTENSIÓN.
Espero que os resulte útil.
ÍNDICE TOBILLO - BRAZO.
Uno de los puntos que me ha llamado la atención sobre las enfermedades cardiovasculares en el anciano y sobre el que he profundizado en mi búsqueda de evidencia científica ha sido la utilidad para la práctica diaria del llamado “Indice Tobillo-Brazo” (ITB) en relación con la arteriopatía crónica.
La arteriopatía crónica de los miembros inferiores es una patología de interés creciente debido a la aún alta prevalencia del tabaquismo en nuestro país unido al envejecimiento de la población y a las repercusiones clínicas y socioeconómicas que presenta.
Por su frecuencia, se trata de una enfermedad que debe ser abordada por el médico de atención primaria en primera instancia, y es necesaria una correcta valoración desde el primer contacto del paciente con el sistema sanitario.
Por lo que al diagnóstico se refiere, la historia clínica y la exploración física (palpación de pulsos periféricos y auscultación de soplos) son fundamentales, pero no suficientes en todos los casos. Así, el Doppler se muestra como un método diagnóstico no invasivo capaz de cuantificar a través del índice tobillo/brazo (ITB) el estado de la circulación arterial en miembros inferiores, considerándose este método fiable y reproducible en la atención especializada.
En mi búsqueda bibliográfica, ya en 1998 encuentro un artículo publicado en la revista española Atención Primaria en el que se evalúa la fiabilidad del índice tobillo/brazo para el estudio de la arteriopatía crónica de los miembros inferiores en atención primaria. Se trata de un estudio descripitivo transversal con 21 pacientes a los que se realizan 164 determinaciones, llevadas a cabo por 4 profesionales de atención primaria (entre ellos, una enfermera).
Analiza también índices de concordancia intra e interobservador.
Este estudio concluye que el ITB obtenido mediante Doppler es un método fiable para el estudio de la arteriopatía crónica, aunque la gran variabilidad que presenta aconseja que, evolutivamente, sea valorado siempre en conjunto con datos clínicos.
Otro ejemplo del que últimamente se está hablando mucho del Índice Tobillo-Brazo, es un artículo que he revisado y que está publicado en la revista española Medicina Clínica en el año 2009. En dicho artículo, sostienen que se está incluyendo en los protocolos de pacientes crónicos con patología cardiovascular, por su capacidad para diagnosticar enfermedad arterial periférica, y la importancia de este diagnostico en la valoración del riesgo en estos pacientes.
El artículo reflexiona sobre lo comentado y me parece importante destacar conclusiones como las siguientes: “A la luz de todas estas evidencias debería recomendarse la determinación sistemática del ITB en todos los pacientes con factores de riesgo o enfermedad coronaria, independientemente del ámbito asistencial en que nos encontremos (atención primaria o especializada) con el objetivo de identificar un subgrupo de alto riesgo”, “El uso de aparatos automatizados para su medición y la involucración del personal de enfermería pueden ayudar a la generalización de su empleo en la práctica clínica diaria”.
En resumen, pienso que el Indice Tobillo-Brazo es una técnica sencilla, al alcance del personal médico y de enfermería en el ámbito de la atención primaria del anciano y que puede ser muy práctico para detectar la enfermedad vascular, clasificarla y realizar un seguimiento, estratificar el riesgo vascular global y estudiar la prevalencia de la arteriopatía crónica asintomática en el anciano.
HIPERTENSIÓN ARTERIAL.
En segundo lugar, me ha parecido interesante el tema de la hipertensión arterial (HTA) en el anciano, tanto por su gran prevalencia en España, como por la importancia que tiene el papel de enfermería en la prevención y control de la enfermedad.
Realizo en los párrafos siguientes un breve resumen tras leer uno de los textos que reúne gran parte de la evidencia científica sobre HTA a nivel estatal. Se trata de las “Recomendaciones para la detección y tratamiento del anciano con hipertensión arterial” y es un documento de consenso de la Sociedad Española de Hipertensión Arterial, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la Sociedad Española de Medicina Geriátrica y la Sociedad Española de Nefrología. Se encuentra disponible en el siguiente enlace, por si os interesa profundizar sobre el tema:
La hipertensión arterial es una enfermedad cardiovascular que se diagnostica por un signo clínico, la elevación de la presión arterial. El criterio más habitual para hipertensión arterial toma como límite una presión arterial sistólica (PAS) igual o superior a 140 mmHg y/o una presión arterial diastólica (PAD) igual o superior a 90 mmHg de forma sostenida. En los ancianos hipertensos, la PAS y la presión de pulso (PP) (diferencia entre las PAS y PAD) son marcadores del riesgo cardiovascular más importantes que la PAD.
El envejecimiento de la población, la relación presión arterial/Riesgo cardiovascular y la modificación de las reglas de juego que fijan los límites diagnósticos, ha multiplicado la prevalencia de HTA en las personas de edad avanzada. Las tasas absolutas de ancianos hipertensos han pasado de una tasa porcentual del 40 % hasta cifras absolutas en torno al 60-70 % de esta población, con progresiva mayor prevalencia en función de los sucesivos tramos de edad. La prevalencia de la hipertensión arterial sistólica aislada en España es un 35 % en la población mayor de 65 años.
DETECCION Y DIAGNOSTICO DE LA HIPERTENSION ARTERIAL
El procedimiento básico de detección de la hipertensión arterial es la medición protocolizada de esta en todos los enfermos que acuden a consulta médica puesto que este es un proceso frecuentemente asintomático. En los pacientes ancianos este procedimiento requiere especial cumplimiento dada la elevada prevalencia de HTA en este grupo de población, su bajo coste y su elevado rendimiento.
La confirmación del diagnóstico implicará varias mediciones, al menos dos o mas lecturas en dos o mas visitas diferentes si se realizan en consulta. Cuando exista uno o mas valores elevados entre varios normales debe programarse una revisión anual.
El fenómeno de bata blanca es más frecuente en pacientes ancianos y afecta de forma mas intensa a la presión arterial sistólica. El uso de automedida domiciliaria de la presión arterial (AMPA) y de monitorización ambulatoria de presión arterial (MAPA) debería ser habitual en los pacientes mayores de 65 años.
OBJETIVOS DEL TRATAMIENTO DE HTA EN EL ANCIANO
No existen evidencias definitivas sobre el nivel de presión arterial a alcanzar en el tratamiento de la hipertensión arterial esencial en el anciano. Conforme la edad del sujeto se aproxima a la expectativa máxima media de vida, la competencia por la mortalidad adquiere su máxima expresión y las posibilidades de disminuir la mortalidad son progresivamente menores.
Así, se ha observado que el tratamiento antihipertensivo en sujetos mayores de 80 años disminuye la morbilidad cardiovascular pero no la mortalidad cardiovascular ni la total.
Por lo tanto, mientras que el objetivo del tratamiento antihipertensivo en el adulto se plantea en términos de disminución de la morbimortalidad cardiovascular y renal, el objetivo prioritario en el anciano ha de ser el mantenimiento de la expectativa de vida libre de discapacidad o, en su defecto, la maximización de la función.
TRATAMIENTO NO FARMACOLOGICO: el papel de enfermería.
La presión arterial es susceptible de control mediante modificaciones en el estilo de vida y, en este punto, es esencial el papel del personal de enfermería en la educación y control del anciano hipertenso. Por tanto sería conveniente realizar las siguientes medidas previas o conjuntamente al tratamiento con fármacos:
Reducción de la ingesta calórica en caso de sobrepeso.
Ingesta de sodio alrededor de 100 mmol/día mediante supresión de la utilización del salero en la mesa y evitando tomar alimentos precocinados, enlatados y embutidos. Se podrá utilizar 1,5 gr de sal al día y es preferible su utilización sobre la comida una vez cocinada, en vez de utilizarla durante la cocción.
Aumento del consumo de potasio (frutas frescas, vegetales y cereales).
Aumento de la ingesta dietetica de calcio.
Andar diariamente más de ½ hora al día, preferiblemente entre 1 y 2 horas. En los sujetos no entrenados, el objetivo se debe alcanzar de forma paulatina.
No ingerir más de 30 gr de alcohol/día (equivalente a 300 ml de vino, 500 de cerveza o una copa de licor).
La indicación de las medidas no farmacológicas debe tener en cuenta las condiciones socio-económicas del paciente.
La aplicación simultánea y moderada de varias medidas no farmacológicas suele dar un resultado terapéutico superior a la aplicación estricta de una sola de ellas.
Valorar juiciosamente la relación beneficio terapéutico/ perjuicio de la calidad de vida antes de comenzar en el anciano cambios en su dieta y estilo de vida.
- Morillas Blasco P. Utilidad clínica del índice tobillo-brazo en el pacientecon enfermedad coronaria. MedClin (Barc).2009.doi:10.1016/j.medcli.2009.09.008
- Recomendaciones para la detección y el tratamiento del anciano con hipertensión arterial. Documento de consenso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, Sociedad Española de Medicina Geriátrica y Sociedad Española de nefrología.
El inmovilismo es uno de los llamados gigantes de la geriatría, y no sin razón, ya que su presencia revela una espiral progresiva de alteraciones que pueden llegar a desembocar en la muerte de los ancianos. La inestabilidad es una de ellas, a partir de la cual se pueden observar un elevado número de caídas.
La incidencia de las caídas en la población anciana es mucho mayor que en el resto de la población. Los ancianos muchas veces lo aceptan como parte inevitable del envejecimiento y por ello dejan de consultar al médico por estos motivos. Por ello y por las posibles consecuencias que pueden traer, el médico de familia debe saber detectar aquellos ancianos en riesgo de sufrir caídas . Son una causa frecuente y potencialmente prevenible de morbi y mortalidad. constituyen un indicador de fragilidad en la vejez y son predictoras de mortalidad ya que se encuentran entre las primeras 6 causas de muerte en la población geriátrica, solo el 50% de aquellos que las sufran seguirán vivos en los próximos años.
La incidencia de caídas en los ancianos que viven en comunidad está entre el 25 y el 35%, mientras que en los ancianos institucionalizados alcanza el 50%.
El artículo analiza los factores de riesgo de caídas tanto intrínsecos como extrínsecos, dependientes o no del individuo, así como posibles intervenciones a realizar en cada situación.
Se hace realmente compleja la creación de un programa de prevención en caídas, ya que entra en juego el factor multicausal. Se debe evaluar la función y el movimiento del paciente mediante una buena exploración física y una serie de escalas (en movimiento, en reposo, etc).
El análisis integral del paciente que ha sufrido una caída requiere un exploracion amplia y detallada contemplada en una valoración geriátrica en donde los aspectos fisico-clínico, mental y social son pilares fundamentales para abordar todas las dimensiones de este problema.
A continuación propongo una serie de medidas para prevenir en la medida de lo posible las caídas.
OPINIÓN
El artículo hace especial hincapié en la prevención de las caídas. Creo que al igual que en el inmovilismo, es lo que el profesional sanitario debe tener más en cuenta.
Pienso que al evitar una caída pueden evitarse todas sus consecuencias, que no son pocas, además, al prevenir la caída evitamos futuras consultas que éstos ancianos puedan solicitar.
Debemos intentar llevar a cabo una serie de medidas sencillas en el domicilio del paciente y ajustadas a sus actividades diarias. Procuraremos que la iluminación sea correcta, evitaremos dejar objetos que puedan resultar obstaculosos, las alfombras deben estar estiradas, etc.
En mi domicilio vive una anciana de 87 años, y actualmente analizo si mi casa cumple las medidas de prevención de caídas y veo que no. Pienso que es una medida que se encuentra al alcance de todos y en pocos lugares se adapta el medio físico a las necesidades de los ancianos.
Para finalizar, dejo un video interesante acerca de las caídas y su prevención.
EVIDENCIA CIENTÍFICA CONSULTADA:
- González Sanchez RL. Rodríguez Fernández MM, Ferro Afonso MJ, García Milián JR. Caídas en el anciano. Consideraciones generales y prevención. Rev Cubana Med Gen Integr. Volumen 15 Nº1. 1999.
El Alzheimer es una enfermedad demencial que lleva a una pérdida de la capacidad intelectual. Los síntomas, que normalmente se presentan en adultos mayores de 65 años, pueden incluir pérdidas en las habilidades del lenguaje, como dificultad para encontrar palabras, problemas en el pensamiento abstracto, juicio pobre, desorientación en tiempo y espacio, trastornos de conducta y personalidad. El resultado general es una disminución de las actividades personales y en el desempeño del trabajo.
El hecho de que las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer se enfrenten diariamente a la pérdida progresiva de la capacidad para llevar a cabo las actividades habituales de la vida cotidiana, tiene un efecto importante sobre la calidad de vida de los pacientes y de sus familiares. Si bien muchos pacientes con enfermedad de alzheimer viven en geriátricos, la mayoría son cuidados por sus familiar en el seno de la comunidad. A medida que los pacientes se hacen menos independientes, recae una mayor responsabilidad sobre el cuidador, quien a su vez está expuesto a un alto riesgo de enfermedades físicas y psicológicas. Estos efectos adversos sobre los cuidadores pueden acelerar la internación de los pacientes en instituciones geriátricas.
Por todos estos motivos, pienso que es una necesidad primordial capacitar al personal de enfermería en esta área para poder hacer frente a esta pesadilla a la que cada día se enfrentan nuestros anianos y lógicamente todos su familiares.
En la búsqueda bibliográgica que he realizado sobre el tema ha habido un artículo que me ha llamado la atención. Se titula "El profesional de enfermería y el Alzheimer" y fue publicado en 2005 en Nure Investigation. Me ha gustado porque es un artículo concreto, escrito en términos sencillos y dirigido a enfermería, en el que llevan a cabo una puesta al día sobre la importancia del papel que los cuidados de enfermería tienen en la evolución de la enfermedad, las fases de la misma y los diagnósticos e intervenciones a llevar a cabo, con ejemplos prácticos. a continuación, expongo un resumen de los puntos más interesantes del artículo.
En primer lugar, estos son algunos de los diagnósticos enfermeros más importantes ante una enfermedad de Alzheimer, sobre los cuales se desarrollarán las intervenciones:
Deterioro de la adaptación.
Aislamiento social.
Ansiedad.
Déficit de autocuidado.
Deterioro de la comunicación verbal.
Confusión aguda.
Desempeño inefectivo del rol.
Incumplimiento del tratamiento.
Deterioro de la interacción social.
Síndrome de deterioro en la interpretación del entorno.
Manejo inefectivo del régimen terapéutico.
Manejo inefectivo del régimen terapéutico de la comunidad.
Manejo inefectivo del régimen terapéutico familiar.
Deterioro del mantenimiento del hogar.
Mantenimiento inefectivo de la salud.
Deterioro de la memorial.
Trastornos de los procesos de pensamiento.
Protección inefectiva.
Deterioro del patrón del sueño.
En segundo lugar, las fases de la Enfermedad de Alzheimer son 3: fase inicial, fase media y fase final. En cada una de ellas es necesario llevar a cabo una serie de medidas por el profesional enfermero.
Por último, me gustaría nombrar algunos cuidados de enfermería en ancianos con Alzheimer.
De inicio, hay que tener en cuenta los consejos siguientes:
Conservar la calma, de lo contrario le transmitiremos nuestro nerviosismo.
No intervenir sistemáticamente en su manera de vivir.
Dejarle tiempo para que realice lo que le hemos pedido hacer.
Encontrarle actividades sustitutorias.
Organizar su vida de forma rutinaria.
CUIDADOS EN LA FASE I:
Memoria:
Cuando oculta sus olvidos:
No intente razonarle.
recurra a ejercicios de memoria.
¿Qué se pretende con esta terapéutica?
Buscar otras áreas cerebrales que no estén deterioradas por la enfermedad.
Favorecer el interés del enfermo por las cosas.
Contribuir a mantener los procesos de percepción, atención, aprendizaje, observación, etc.
Tipos de ejercicios:
Leer revista o periódico, 5 líneas, dos veces seguidas y animarle a que resuma por escrito o de palabra lo que ha leído.
Hacer puzzles simples de organizar.
Escuchar canciones que él o ella conozca.
Intentar dibujar de memoria los muebles de una habitación conocida.
Recordarle sistemáticamente sónde están los objetos que se utilizan varias veces al día: libro, bolso, gafas, ropa, etc.; poniéndolos siempre en el mismo sitio.
Nombre de personas: ayudarle a recordarlos valiéndose de fotografías de su familia, de amistades, compañeros de trabajo; ya que su memoria visual puede tenerla conservada.
CUIDADOS EN LA FASE II:
Memoria:
En esta fase y con respecto a la memoria existen una serie de ejercicios que también son aplicables durante la fase I.
Debemos recordarles, con frecuencia, el día en el que se encuentra (de la semana y del mes). Para ello es aconsejable poner en la casa y a su vista calendarios, relojes, etc.
Aprovechando cualquier conversación, es conveniente decirles si es por la mañana, tarde o noche. De este modo le ayudamos a orientarse en el tiempo.
Orientación temporo - espacial:
Cuando deambule por la casa váyale diciendo: vamos a la cocina, vamos al salón, vamos al cuarto de baño, vamos al dormitorio. Así le ayudamos a orientarse respecto al espacio.
Cuando decidamos acostarle, debemos recordarle que es de noche y que hay que dormir. Hacer que orine antes de acostarse, así evitamos que lo haga en la cama. Podemos inducirle al sueño, intentando sofronizarle, repitiéndole: está muy cansado, le pesan mucho los párpados, le pesan mucho los brazos, etc.
Ejercicios:
Se pueden combinar una serie de ejercicios de memoria y de motilidad. La finalidad de éstos es desarrollar la memoria al aprender y recordar una información durante un periodo de tiempo.
Ejercicio de memoria:
Recuerde el numero 33.
Recuerde el refrán: a quien madruga Dios le ayuda.
Ejercicio de motilidad:
Inspirar - espirar.
Levantarse - sentarse.
Palmada por encima de la cabeza.
Levantar alternativamente los pies.
Tocar las puntas de los dedos delante de los ojos.
Cada uno de estos movimientos deben repetirlo al menos cinco veces.
Le preguntamos: ¿Qué número le he dicho al principio que recuerde?, ¿Qué refrán le he dicho que debía recordar?
Otros aspectos:
En cuanto a sus gestos y movimientos en esta fase, es necesario que le acompañemos en su deambulación para evitar sus caídas y ayudarle por si puerde el equilibrio, pudiéndose también ayudar él mismo con un andador.
Como puede perderse en trayectos habituales es conveniente que le pongamos un identificados, bien en una pulsera, un colgante o cadena y para que no pueda sentirse ofendido, lo haremos de modo que parezca un regalo por algún motivo especial.
CUIDADOS EN LA FASE III:
Comportamiento y memoria:
Cuando llora, grita, se agita, debemos mostrarnos siempre ante él con una gran tranquilidad y procurar darle carió y palabras afectuosas.
En este periodo de la enfermedad tiene sus memorias recientes y remotas abolidas. Su lenguaje se transforma en un simple blabuceo, no controla sus gestos, comienza a tener dificultad para tragar por lo que suele atragantarse hasta con su propia saliva.
Sus actividades cotidianas desaparecen totalmente. suele estar ya encamado.
Los cuidados de enfermería van encaminados a subsanar todos aquellos problemas que conllevan la inmovilidad al enfermo.
Alimentación:
Con la alimentación se consigue fundamentalmente disminuir la degradación.
Es aconsejable una dieta rica en proteínas y pobre en grasas animales.
Si todavía es capaz de comer por sí solo, dejarle elegir pero sin abusar, ya que el enfermo de Alzheimer es capaz de volver a comer dos veces sin sentirse saciado.
Incontinencia urinaria:
El enfermo de Alzheimer al no controlar sus esfínteres, se orina y por ello es preciso dotarle de pañales y así evitar que se moje. Estos pañales deben der cambiados con frecuencia para evitar que se produzcan infecciones urinarias.
Debemos también observar, al quitarle el pañal, el olor y el color de la orina. Si el color fuera oscuro y el olor fuerte, nos debe hacer sospechar que el paciente tiene una infección urinaria.
Fecalomas:
Hay un signo importante a tener en cuenta en la instauración de un fecaloma, y es que el paciente expulsa por el recto un contenido líquido que, equívocamente, nos hace pensar en una diarrea.
Ante esta situación debemos llevar a la práctica la extracción del mismo mediante la aplicación de un enema de limpieza. Todo esto se debe hacer con el enfermo encamado y colocándole una cuña debajo para la recogida de heces.
Úlceras por decúbito:
Estas lesiones podemos prevenirlas con los siguientes cuidados:
Tener una buena hidratación, procurando darle una ingesta de líquidos aproximada de 2 litros.
Aplicación de baño diario, encamado, con jabón neutro. Darle crema hidratante y masajes circulares.
Tener una buena alimentación, que aporte proteínas.
En el caso de que se hayan producido, deben curarse de la forma más adecuada.
Fisioterapia respiratoria:
En el enfermo encamado, y ene special con demencia, es frecuente la retención de secreciones pulmonares o de vías altas. Por ello es muy importante llevar a cabo fisioterapia respiratoria.
¿Cómo hacerla?
Colocarle en posición decúbito lateral (derecho y después izquierdo):
Con las palmas de las manos hacia abajo y en posición hueca, darlo golpes acompasados en la espalda durante un periodo de 10 minutos por cada lado.
Es conveniente ayudarnos al hacerlo con alcohol simple o alcanforado.
Se repite el segundo punto por delante.
Con esta técnica conseguiremos movilizar las secreciones y favorecer que el enfermo tosa. En ocasiones deberemos ayudarnos de un aspirador de secreciones. Además, al no beber líquidos y por consiguiente no hidratar la garganta, las secreciones altas son más densas y puede tener dificultad para tragarlas. Como consecuencia, tiene dificultad para tragar y corre peligro de atragantarse con su propia saliva, aspiraciones, etc.
En resumen, la demencia tipo Alzheimer es un importante problema de salud en la población geriátrica actualmente.
El profesional de enfermería tiene un peso importantísimo mediante programas de atención independiente e interdependiente y siempre en coordinación con el resto de profesionales. En realidad, en la atención del paciente con demencia tipo alzheimer, forma parte de la justificación de la existencia del arte y ciencia de la Enfermería.
El enfermo de Alzheimer va a poseer una serie de necesidades alteradas que precisa ser tratadas, y eng eneral no existen fármacos específicos ni intervenciones quirúrgicas que las palien, sino que se tratan con cuidados de larga duración. Estos cuidados van a ir dirigidos a proporcionar bienestar al enfermo y a su familia, aumentar la calidad a la vida, impedir el sufrimiento y el dolor y ayudar a los pacientes a vivir y morir dignamente.
EVIDENCIA CIENTÍFICA CONSULTADA:
- Balbás Liaño V.M. El profesional de Enfermería y el Alzheimer. Nure Investigación (13), 2005.
- Esandi Larramendi N, Canga-Armayor A. Familia cuidadora y enfermedad de Alzheimer: una revisión bibliográfica. Gerokomos vol.22 no.2- Madrid jun. 2011.